Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Este miércoles reciente, cientos de campesinos bloquearon la carretera Victoria- Matamoros, a la altura de San Fernando, en reclamo del pago de una deuda millonaria de subsidios.
Antes, el 23 de septiembre y el 15 de agosto, otros grupos de productores hicieron lo mismo en Altamira y Ciudad Mante. Igual reclamaban pagos rezagados.
Pero , años atrás los bloqueos carreteros han sido también instrumento de desfogue de la inconformidad y la impotencia de los hombres del campo, contra los engaños de que los hace victima recurrentemente el Gobierno federal, a través de la instancia responsable de la política agropecuaria: la Sagarpa.
Frente a ello, uno se pregunta: ¿se vale que los campesinos recurran a la toma de carreteras para exigir su dinero? ¿Se vale que en el reclamo de un derecho afecten los derechos de terceros?
Seguramente habrá división de opiniones al respecto, pero lo que si queda claro es que el causante de este tipo de inconformidades , que terminan afectando a ciudadanos ajenos al conflicto, es el mismo Gobierno federal.
Si la federación, a través de la Sagarpa, pagara con puntualidad los subsidios, evidentemente no habría inconformidad y en consecuencia no ocurrirían bloqueos carreteros que terminan ocasionando daños millonarios a otros sectores productivos.
Pero el problema es ese: que sabiéndose deudor, el Gobierno simplemente se monta en su macho y no paga. Y lo que es peor: ni siquiera se toma el tiempo para darles una explicación a los productores afectados.
“Si por lo menos se sentaran a platicar con nosotros y nos explicaran las razones por las que no nos pagan, a lo mejor lo entenderíamos. Pero ni siquiera eso hacen” me comentó recientemente, a modo de justificación, Gabriel Anaya, dirigente de productores de soya del sur del estado.
La solución entonces está en manos de la misma Sagarpa. Primero, pagando lo que debe, y segundo dejando de comprometerse con los productores a otorgarles un subsidio que de antemano sabe no pagara.
Y no se trata de colores partidistas porque el conflicto lo mismo ha sucedido en Gobiernos priistas que panistas. Se trata, simplemente, de un mal diseño de las políticas agropecuarias.
Bajo ese entendido, en lo personal me declaro solidario con la forma de reclamar de los campesinos.
Queda claro que es la única forma de cobrarle al Gobierno. ¿No quieren bloqueos? entonces , ¡paguen!.
EL RESTO.
Por cierto, pareciera que el Gobierno federal subestima el poder de reacción del campesinado.
Se infiere ello de la intención de reducir drásticamente el presupuesto para el campo en el 2017.
Si ese propósito se concreta, el Gobierno se enfrentara al riesgo de una rebelión campesina nacional por tanta inconformidad y pobreza en el medio rural, que para nada conviene al país.
Ojala y nos equivoquemos.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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