Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Las cifras son contundentes: siete u ocho de cada diez aspirantes a policías reprueban los exámenes de control de confianza.
El hecho podría aplaudirse si en verdad el filtro fuera efectivo y estuviera cerrando el ingreso a las instituciones de seguridad pública a personas indeseables.
Pero no es así. La realidad es de que son muy pocos los aspirantes reprobados por alguna situación grave que los descalifique para ser policías.
La mayoría reprueba por nerviosismo o temor, pero no por deshonestos, corruptos o porque tengan vínculos con la delincuencia, que es a quienes buscan impedirle el ingreso las autoridades.
El hecho es que, como consecuencia de todo ello, Gobiernos como Tamaulipas padecen un enorme déficit de policías.
Situación doblemente grave en un contexto de violencia delincuencial y alta incidencia de ilícitos como robos, asaltos, secuestros y extorsiones, donde lo que se requiere es suficiencia de personal en las policías.
Tan solo la Policía Ministerial necesita entre 600 y 700 elementos.
Lo que le cuento no es nuevo. Es una verdad pública, incluso reconocida por los Gobiernos federal y estatal.
Sin embargo, la idea de traerlo a este espacio nuevamente es por la postura asumida en relación al tema por el Comisionado Nacional del Sistema de Seguridad Pública, Renato Sales Heredia, el pasado sábado en su visita a ésta capital.
El funcionario federal admitió algo en lo que aquí hemos insistido recurrentemente: en la necesidad de modificar los controles de confianza.
“Las dificultades que enfrentan las autoridades, federales y estatales, para el reclutamiento de elementos policiales para conformar las instituciones de seguridad pública obliga al análisis de la modificación de los controles de confianza” precisó.
Flexibilizar algunos requisitos para ingresar a la policía y ponderar la efectividad del llamado polígrafo deberían ser temas prioritarios a revisar, hemos expuesto recurrentemente aquí.
Habrá quienes vean un riesgo en ello pero científicamente, por ejemplo, no está probado que el llamado “detector de mentiras” sea confiable y que quien lo repruebe necesariamente sea un bandido.
De hecho, abundan los ejemplos de policías ejemplares que han sido despedidos porque el polígrafo los reprobó, mientras que por otra parte también son muchas las historias de sujetos que, siendo unas fichitas, superaron el control de confianza .
Bajo ese contexto y partiendo del enorme déficit policial, Gobiernos como el de Tamaulipas deberían tomarle la palabra al Comisionado de Seguridad e impulsar una reforma que agilice el reclutamiento de aspirantes.
Aquí hemos citado como ejemplo, lo hecho por entidades como Nuevo León para solucionar el problema de reclutamiento policial.
Lo que hizo el Gobierno neolonés fue reducir el grado de escolaridad exigido para ingresar a la Policía Ministerial. En vez de licenciatura pidió bachillerato a los aspirantes.
A cambio de eso impuso una condición a los interesados: que ya investidos como policías se comprometieran a cursar una licenciatura.
La estrategia resulto un éxito. ¿Por qué no hacer lo mismo?-
ASI ANDAN LAS COSAS.
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