Lo que leerá a continuación son algunas de las varias cosas que les escuchamos decir a personajes públicos. Un cúmulo de barbaridades que algunos dicen con cinismo, otros ondeando la bandera de la estupidez. Todos preocupados por cuidar su imagen, pero tan poco ocupados en la manera y en lo que comunican. Lo más triste es que éstas fueron dichas en los últimos días. Necesitaríamos planas enteras para recopilar las del mes. Más aún para las del año. Ni pensar cuánto para juntar las del sexenio.
Javier Duarte, gobernador de Veracruz, cuando supo que la PGR lo investigaba, algo que días antes había negado, aunque su partido le retiró sus derechos de militante: “Hoy somos uno de los diez primeros lugares en competitividad para atraer inversiones y esto es lo realmente importante. Cuando mucho nos distrae la agenda de la política, de las grillas, de los dichos, de los dimes y diretes, nosotros respondemos con trabajo, con resultados, y respondemos con agenda seria, con agenda importante. Lo otro queda en el anecdotario…”. Luego de esto, la prensa le refutó todos sus “resultados”, ni hay inversión ni seguridad ni nada de lo que presume.
Norberto Rivera, arzobispo primado de México, en su constante e impune agenda para golpear la iniciativa sobre matrimonio igualitario: “Un niño tiene más posibilidades de sufrir abusos sexuales de un padre homosexual…”. ¿Sabrá que la mayor cantidad de niños abusados reciben tal agresión de familiares “heterosexuales”?
Francisco Javier Castillo Ríos, sacerdote denunciado por abuso sexual a un menor que quería ser sacerdote, le decía esto para justificar la agresión: “Parte de los sacrificios que debía aguantar…”. Y aún así salen a defender lo que llaman “familia natural”.
Edith Martínez, diputada federal del Partido Encuentro Social, en la coyuntura de los dos años de los hechos trágicos en Iguala: “Sí, nos faltan 43. No obstante, también nos faltan más de 200 mil bebés abortados legalmente en México”. Y ni se disculpó ni nada, en su cabeza pensará que su torpísima analogía vale el Premio Cervantes.
Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, cuando se refería al alto consumo de drogas en su país y quiso exponer su postura: “Hitler masacró a tres millones de judíos. Ahora hay aquí tres millones de adictos. Me gustaría masacrarlos a todos…”. ¿Habrá ido a la misma escuela que la diputada Edith Martínez?
Enrique Peña Nieto, presidente de México, cuando: “Este tema que tanto lacera, el tema de la corrupción, está en todos los órdenes de la sociedad y en todos los ámbitos, no hay alguien que pueda atreverse a arrojar la primera piedra…”. Ya cuando se usan frases blíblicas para justificar lo injustificable…
Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, cuando en un chacaleo se le cuestionó sobre su destape, que dice que no es destape, y los videos que ha publicado en su cuenta de Twitter: “Es ocupar las redes sociales y lo hacen varios…”. Es que eso de estar libre de pecado parece que es mantra.
Donald Trump, candidato republicano a la presidencia EU, en su saña contra Hillary Clinton y la exmiss Universo, Alicia Machado, así lo tuiteó:“¿Ayudó Hillary la deshonesta a la desagradable Alicia M. (miren su pasado y su video sexual) a que se convirtiera en ciudadana estadunidense y así poder usarla en el debate?”. ¿Se puede ser más misógino?
… todas éstas van directo al almanaque de lo infame.




