Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
Si bien es cierto la alternancia en el poder político que vivirá Tamaulipas a partir del uno de octubre es un enorme avance en el terreno democrático, también lo es que la conquista sería más aplaudible si se hubiera logrado que un partido diferente al PAN tuviera mayoría en el Congreso del Estado.
Pero no fue así. El esquema gubernamental a partir del uno de octubre será el mismo que veníamos arrastrando desde hace 86 años con el PRI, en el que un solo partido controlaba los tres Poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
La consecuencia de esa concentración evitaba que se diera aquel famoso equilibrio entre los Poderes, que teóricamente está garantizado en nuestra Constitución, pero que en la realidad es una simple ilusión, con todo lo que ello implicaba.
¿Cuáles son esas consecuencias? Solamente le detalló una: que el Congreso del Estado estuviera convertido en una simple oficina a la orden y caprichos del Gobernador en turno.
Por más que las bancadas opositoras patalearan, abandonaran la sesión o tomaran la tribuna, al final la mayoría parlamentaria aprobaba lo que tenía que aprobar.
Así fue durante décadas y así seguirá siendo.
¿O alguien creerá que los diputados del PAN, que serán mayoría, tendrán los arrestos para decirle “no” a una iniciativa del Ejecutivo? Por supuesto que no.
Por eso, le insisto, lo ideal hubiera sido que el Poder Legislativo estuviera al mando de un partido diferente al que tutelara el Ejecutivo.
Lamentablemente a los tamaulipecos, y a los mexicanos en general, todavía no nos alcanza tanto la cultura democrática para analizar con esa suficiencia el voto. Estamos muy lejos de pensar: “votaré para Gobernador por este partido y para diputados por otro”.
Ojalá y algún día alcancemos ese grado de madurez porque cuando eso suceda tendremos mejores Gobiernos.
¿Por qué es importante el equilibrio entre Poderes? Sencillito: porque evita que , sobre todo el Ejecutivo, se despache con la cuchara grande, como lo hicieron muchos Gobernadores priistas que convirtieron en un negocio familiar o de camarillas, el ejercicio de su mandato.
Por esa discrecionalidad con que se ejerció el poder público en los últimos 86 años, Tamaulipas arrastra hoy en día una deuda pública de 13 mil millones de pesos, aunque hay quienes aseguran que llega a los 17 mil.
Con la agravante de que mucho de ese dinero tuvo un destino incierto.
También, a causa de ello, nuestra entidad es una de las más atrasadas en su desarrollo y crecimiento económico a pesar de lo benévola que fue la naturaleza con ella.
Luego entonces, esperemos, por el bien de Tamaulipas y sobre todo de los 720 mil ciudadanos que votaron por la alternancia, que quienes tutelarán el Poder público actúen con inteligencia y no incurran en los excesos de quienes los antecedieron, que al final de cuentas fue lo que provoco el hartazgo ciudadano expresado en las urnas.
EL RESTO.
El Gobernador electo, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, se está guardando muy bien la identidad de quienes encabezarán a partir del uno de octubre, la Procuraduría General de Justicia del Estado, (PGJE), y la Secretaría de Seguridad Pública (SSP).
En casi todas las dependencias del Gobierno del estado ya existe una idea de quienes tendrán las principales responsabilidades, excepto en la PGJE y en la SSP.
Ojala y que esa secrecía sea para bien y que quienes resulten elegidos para encabezar las áreas más complicadas de la administración pública, sean en verdad los mejores perfiles.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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