Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
De enero a julio del presente año, las agencias del Ministerio Público de Tamaulipas han iniciado 1124 averiguaciones previas o carpetas de investigación, por el delito de violencia familiar, en agravio, principalmente de mujeres golpeadas por sus esposos o concubinos.
La Procuraduría General de Justicia del Estado, (PGJE), informó que mensualmente recibe en promedio de 200 a 250 denuncias.
Reynosa, Matamoros y Victoria ocupan los tres primeros lugares en incidencia.
La PGJE no precisa información sobre tipo de violencia ni otras características del delito, pero agentes del Ministerio Público consultados refieren que casi siempre se trata de violencia física.
“Casi siempre es el mismo patrón de conducta: el marido o concubino que llega alcoholizado y arremete a golpes contra la mujer. Por lo general el agresor dice actuar por celos o de plano asegura que no recuerda nada” detalla uno de los representantes sociales.
Admiten que durante los últimos años se han logrado avances importantes en la actualización del marco legal para endurecer el castigo a la violencia familiar, pero la incidencia sigue siendo la misma o incluso ligeramente mayor.
Ello se debe, en gran parte, a que la gran mayoría de las víctimas terminan otorgando el perdón a su agresor y generan un círculo vicioso.
“Comúnmente las mujeres llegan recién golpeadas a presentar su denuncia, y se dicen dispuestas a llevar la acusación hasta las últimas consecuencias, pero al paso de los días o semanas se dejan convencer por el agresor o su abogado y deciden no continuar con la denuncia” refiere otro de los agentes del Ministerio Público.
Debido a ello, una mínima parte de los agresores enfrentan una condena.
El desistimiento de las víctimas tiene una explicación: que muchas víctimas dependen económicamente del marido, y saben que llevándolo a prisión será en perjuicio de ellas mismas y sus hijos.
Por esa razón, consideran, mientras las mujeres no tengan alternativa de subsistencia económica, seguirán expuestas a la violencia familiar porque una vez que perdonan a su agresor éste termina atacándolas de nuevo al poco tiempo.



