Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
En su gira de ésta reciente semana por Tampico, el Gobernador, Egidio Torre Cantú, repitió lo que ha venido señalando durante los últimos meses: Tamaulipas padece un rezago de seis mil policías.
Aunque el mandatario aclaró que, en contraparte, han sido reclutados tres mil elementos , eso no le resta gravedad al faltante de agentes policiales, sobre todo cuando la escalada de violencia en las principales ciudades del estado, como en la mayor parte del país, no cesa.
¿Por qué no se ha podido abatir el déficit de policías? Dos parecen ser las principales razones: una, lo riesgoso en que se ha convertido la actividad policial, que hace muy poca atractiva la oferta laboral entre quienes tienen el perfil para estar en condiciones de competir por un espacio , y dos, lo riguroso de los exámenes de control de confianza, que propician que solamente uno de cada diez aspirantes lo aprueben.
Derivado de esas dos causas, el reclutamiento policial está empantanado. Para incorporar a los tres mil agentes de que habla el Gobernador se requirieron poco más de cinco años, por lo que si aplicamos la lógica entenderíamos que para reclutar a los seis mil que se requieren se necesitarán, ¡al menos diez años!.
Lo cual, frente a la emergencia que representa la inseguridad pública, es un plazo inaceptable. No puede el Estado esperar tantos años para construir una corporación policial.
Creo que ese será uno de los primeros pendientes que tendrán que atender quienes gobiernen el estado a partir del uno de octubre próximo. De hecho, es algo en lo que deberían comenzar a trabajar aun antes del comienzo de la administración, para que tan pronto y la ley los faculte comiencen a aplicar alternativas de solución.
Porque ese ha sido el problema: que a pesar de lo evidente de la situación nadie ha movido un dedo para resolverla. A lo más que han llegado es a aceptar o quejarse de que tienen el rezago policial, pero no han pasado de ahí, como si con ello las cosas se fueran a resolver por sí mismas.
Alguna vez expusimos aquí la estrategia que uso Nuevo León para abatir el déficit policial. Tan sencillo como eliminar el requisito de licenciatura para ingresar, por ejemplo, a la Policía Ministerial, para con ello abrirle las puertas a los jóvenes egresados de los bachilleratos, que son muchachos no maleados o contaminados, a quienes solamente les impuso una condición: que ya investidos como policías se obligaran a cursar una licenciatura afín.
A la vuelta de seis años, la entidad vecina no solamente cubrió sus espacios vacíos, con muchachos en edades promedio de 18 a 22 años, sino que también profesionalizó su policía.
¿Por qué no hacer lo mismo en Tamaulipas? Es una pregunta que nadie ha sabido responder. Han preferido dejar que el tiempo transcurra, y que sean los que vienen quienes carguen con el “muertito”.
Por eso le insisto: el nuevo Gobierno deberá darse prisa.
EL RESTO.
Al Gobernador electo, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, le sobran «amigos».
Ahora resulta que todo mundo es Cabecista, por lo que abundan los que ya se sienten funcionarios de primer nivel a partir del uno de octubre.
La hipocresía de la política en todo su esplendor.
ASI ANDAN LAS COSAS.
[email protected]



