José del Carmen Perales Rodríguez
El vergonzoso pleito entre priistas y panistas o panistas y priistas, como se quiera ver según la filiación partidista, durante el desfile del Día del Trabajo en Tampico, frente al presídium y que desde luego ya le dio la vuelta al estado, al país y al mundo, sin exagerar, es el reflejo de la cruenta batalla en ocasiones incivilizada que traen ambos institutos políticos en pos de la gubernatura, porque sería de risa afirmar que es por la alcaldía.
Independientemente de las preferencias altas o bajas que tengan uno u otro candidato, es claro que la desesperación si bien no es generalizada en ambos bandos al menos sí se apoderó en este caso del sector obrero o de alguno de sus líderes, que sin rubor y mucho menos vergüenza decidió volver a la época de los grupos de choque usados para romper violentamente con huelgas, arrebatar obras o concesiones, acallar a los rivales y otros excesos dictados por el «charro» en turno.
Lo más inmediato y sencillo de hacer es el deslinde partidista o en este caso cetemista, sin embargo lo urgente es adelantar que el debate sí será para cuestionarse pero en cuanto a las propuestas no metiéndose de nuevo a señalarse quién es más delincuente, quién tiene más amigos malos, quién robó más, porque eso sólo ha contribuido a exacerbar los ánimos, a inundar las redes sociales de señalamientos que francamente sólo han servido para martirizar a los aludidos.
Demostrar que las cosas están cambiando independientemente del color que se trate, que sí se está dispuesto a cambiarle el rostro no sólo a la política sino comenzar a derrumbar el estigma de estado violento que desde hace seis años se ha permitido oficialmente mantenerlo, la ciudadanía desea que quien gane lo haga avalado por su honestidad y la de quienes lo rodean, no que sea aquel que lance los ataques más virulentos o el lodo más hediento.
No se puede ir por la calle solicitando el apoyo, el voto, sonriendo, abrazando, besando, saludando, pactando compromisos, mientras la estrategia más fuerte es la de agredirse, vituperarse, denigrarse, maldecirse, cuando por el contrario lo que pedimos todos en Tamaulipas es que ya se acabe la violencia que nos tiene hasta la madre, frustrados porque cada día se conocen nuevos casos de familiares o amistades afectados.
Tomen de ejemplo lo que pasó en Tampico, porque hacia allá parece que quieren llevarnos.
APUNTE.- Sin perder el paso ni distraerse en su objetivo de llegar al Congreso del Estado para representar y bien a los ciudadanos del Distrito XV, Carlos Morris avanza en su campaña al más puro estilo rodolfista, lo que le ha traído la aceptación de la sociedad que le reconoce no querer colgarse de la inercia oficialista sino cumplir con su encomienda cara a cara, por donde quiera que va.
La principal virtud de Carlos es que no ha cambiado, sigue siendo el mismo desde que se inició en la política: sin dobleces ni mareos, con la humildad por delante, sin necesidad de ataques ni de señalamientos, sus formas son distintas y eso se le reconoce. Hoy andará desde muy temprano por el Uno Abasolo, allá en la colonia Obrera, por la tarde irá al fraccionamiento Azteca. Por allá lo saludaremos.
PENDIENTE.- ¿Cuál es el límite diario de avisos sobre situaciones de riesgo que tiene la cuenta de @SSPTAM? Porque pasan cuatro o cinco eventos y no todos los difunde ¿o no todos los atiende todos?
Aquí los veo, leo y escucho: @JosdelCarmenPR / [email protected]




