Por Azahel Jaramillo Hernández
¿Cómo están? Las ciudades, los estados se van conformando, van tomando identidad por el carácter de su gente, por la personalidad de su gente. Tamaulipas y Ciudad Victoria están hechas por la gente que aquí nacimos y por la gente que aquí llegamos. El inolvidable Carlos Adrián Avilés, nacido en Tampico, decía: “Uno no es de donde nace, sino de donde se hace”.
En los tiempos actuales se habla mucho de equidad de género, de que el 50 por ciento de las candidaturas a las presidencias municipales y diputaciones locales deben ser para las mujeres. Pero no siempre ha sido así. Hoy les contaré la historia de una mujer que nació en Veracruz y ya es tamaulipeca.
Guadalupe Perea Almanza, es una profesionista dinámica, atenta siempre a trabajar por las mejores causas de las mujeres priístas, preocupada por el bienestar de la familia en los cargos que ha ocupado en la administración pública municipal y en la dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional. Actualmente reparte en actividades del partido y en su labor de madre y abuela.
1972, en Reynosa, Tamaulipas:
Son los tiempos de bonanza del oro negro: Una muchacha delgadita, morena, hija de un maestro rural veracruzano que se había convertido en técnico perforador de pozos petroleros. Es Lupita Perea Almanza que a sus 16 años recita de memoria poesías de corte social de Margarita Paz Paredes e inspiraciones de Pablo Neruda, y es también activista fundadora del Frente Autentico Estudiantil Revolucionario de Reynosa, el FAER.
La mirada de Lupita Perea se ilumina cuando comparte con este periodista sus vivencias: “Yo entro a trabajar a PEMEX, también abro un salón de belleza y me inscribo en la Prepa Popular que era una escuela nocturna y paralelamente en el FAER comienzo a trabajar en luchas sociales como fueron en ese tiempo las luchas .en apoyo a campesinos, y la que se dio para conseguir el 50 por ciento de descuento a los estudiantes en el transporte público. Todo eso me hizo a mi reflexionar. Creo que la influencia de la literatura, el conocer amigos que sentía yo que tenían credibilidad en sus luchas de esa época. Te puedo mencionar: Elpidio Tovar de la Cruz, René Borrego, Alfredo Díaz Palacios… que posteriormente debido a la misma situación de que crece el grupo tan fuerte, el despertar de conciencias en la clase estudiantil. Pues bueno, el muchacho desaparece repentinamente. Y se dice que fue secuestrado y que lo mataron. Ello genera un movimiento social de la época de quienes buscábamos la justicia de saber que había pasado con él”
—- Alfredo, ¿era tu novio?
En ese momento de la entrevista la mirada de Lupita Perea se nubla de tristeza, y responde:
—– Sí. Esa gran parte de mi vida…
-¿Tuvieron logros concretos, apoyaron causas?
—-Logros, tuvimos uno, yo creo que fue el más importante: Motivar y concienciar a muchos jóvenes de mi época que pudimos rescatar de otros intereses donde yo creo que el aparato represivo tenía muchas maneras de aniquilar las conciencias de los jóvenes y utilizaba mucho la droga, el que se fueran a Estados Unidos a trabajar, el que no continuaran sus estudios.
Yo tenía 16 años y carecía de afiliación partidista porque yo no era del Partido Comunista, en ese tiempo las mujeres no figurábamos en partidos como cuadros de activismo, más bien, éramos… yo decía “las reinas del mimeógrafo”, porque éramos las que hacíamos los volantes, el boteo, el engrudo, éramos colaboradoras de los compañeros que eran quienes se reunían clandestinamente con aquellas llamadas células del partido. Estudiaban y planeaban. En eso no participábamos las mujeres.
—¿Las mujeres estaban marginadas?
—-No marginadas. Yo no puedo hablar por las demás, pero pienso que en mi caso pues el hecho de atender un salón de belleza, de trabajar en Petróleos Mexicanos, de ir a la Prepa, de ser hija de familia… pues no me permitía tampoco todas las libertades.
Yo decido continuar mi vida. De repente veo que tengo mucho de identificación con la carrera de Trabajo Social. Cuando me vengo a Victoria a estudiar Trabajo Social, llego plenamente convencida de que yo quería ser trabajadora social. Llego a la facultad der Trabajo Social, me incorporó a la misma y me encuentro el terreno adecuado para mis inquietudes porque había pasado un proceso electoral de la rectoría donde el profesor David Rivera Ruiz, a quien quise mucho. Comienzo a aplicar mi sentido nato con mi liderazgo, lo cual me permite ser dirigente estudiantil en Trabajo Social.
“A mi padre el auge petrolero en el norte lo obligan a ser trasladado. El trabajaba como técnico perforador de pozos petroleros en Isla de Lobos, en Tuxpan y se van a Reynosa. Eso obliga a que yo me sume ya a toda la familia, porque de lo contrario íbamos a estar muy distantes. Llegamos a Reynosa. Ahí termino mi primaria, y continuo con la secundaria. Tuve la gran fortuna de que fui una niña muy apreciada en mi familia y eso me hizo ser una niña muy segura. Siempre participé en todos los eventos culturales, recreativos y deportivos tanto primaria como en la secundaria. Y también tuve muchas experiencias políticas ahí mismo. A pesar de ser tan chica siempre anduve en las cosas nuevas que se requerían para tener una participación. En el caso del fútbol tu sabes que hubo una época en que sonó muy fuerte la participación de las mujeres. Era portera.
–¿Cómo llegas al PRI?
—- Por un compromiso moral con una amiga y compañera de mi época: Rosalinda Guerrero Gamboa. Ella andaba en las juventudes revolucionarias. A eso se complementa un muchacho de mi época que siempre he admirada por su tenacidad y empeño: Ramón Durón Ruiz. Recuerdo que en esa época era regidor. Total que me incorporo a ayudarle a Rosalinda.. Reencontramos nuestra amistad. Y la fortalecemos, comprometiéndome yo a apoyarla a ella en sus tareas políticas. Ella viajaba mucho porque esta en Valle Hermoso y estaba en Victoria.
Decido incorporarme al Partido, y de esa manera llegamos al Partido Revolucionario Institucional, donde quiero decirte que de primero muy difícil, porque también acuérdate que nuestras compañeras priístas, dirigentes, líder naturales de colonias, de ejidos, estaban po-se- sio-na-das del territorio priísta. El liderazgo de las mujeres estaba concentrado en las mujeres de las clases populares. Y para ellas llegar una profesionista, pues eran competencia. Nuestra llegada la veían como un arribismo y no normal, con la buena intención de sumarnos a su trabajo. Con trabajo nos ganamos a pulso el cariño de mujeres como María Luisa Galindo, Tola Turrubiates, y Ney Ruiz Ortega.
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