Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
El video difundido en las redes sociales, donde aparecen dos militares y tres policías federales torturando a una presunta secuestradora, ha causado tanto revuelo nacional que incluso obligó al titular de la Secretaria de la Defensa Nacional (Sedena), Salvador Cienfuegos, a ofrecer disculpas públicas a los mexicanos.
Por su parte, la Procuraduría General de la República (PGR), libró ordenes de aprehensión contra los implicados para someterlos a proceso penal en busca aparente de un castigo ejemplar para el resto de sus compañeros. Dicho de otra forma, el Estado Mexicano se rasga las vestiduras por la conducta asumida por sus policías y soldados
En tiempos como los que vivimos, donde los avances normativos en defensa de los derechos humanos no tienen precedente, y donde tanto se ha invertido en la profesionalización de las instituciones de seguridad pública y justicia, resulta lamentable que la tortura continúe vigente como método de investigación delictiva.
Pero déjeme y le digo una cosa: ¡¡¡no hay porque escandalizarse tanto¡¡¡
En realidad la tortura policial siempre ha estado ahí presente. Nunca se fue, por más que el discurso oficial dijera lo contrario. El videíto no es nada para la magnitud del problema.
Por ejemplo, en lo local, fueron, hasta hace poco, recurrentes las historias donde agentes de la llamada Policía Estatal Acreditable torturaban a personas a quienes acusaban de estar vinculadas con bandas del crimen organizado.
Eran los tiempos en que la Secretaría de Seguridad Pública estaba al mando del General Arturo Gutiérrez García.
No había ni necesidad de videograbar nada porque las “madrizas” contra los detenidos se aplicaban a la vista de todos. Seguramente en los archivos de la Comisión estatal de Derechos Humanos debe haber un buen número de denuncias, sobre todo de aquellos que siendo inocentes no se salvaron de la “calentada”, el término con que los policías se refieren a la tortura.
Por eso, esperamos que el escándalo mediático generado por el video de los policías y soldados torturadores sirva como un acicate para que las instancias gubernamentales pongan atención en serio al tema de la tortura.
Y es que, suena hasta de chiste que, por un lado, el Gobierno nos esté machacando tanto con su discurso en favor de la defensa y promoción de los derechos humanos, y que por el otro, sus policías y soldados se dediquen a investigar delitos con métodos de la llamada Santa Inquisición.
¿No cree usted?.
EL RESTO.
La desbandada de militantes del Partido Movimiento Ciudadano, no para. Este miércoles se pasaron al bando panista, Angélica Izaguirre, Secretaria de Gestión Social, y Guillermina Hernández Trejo, Secretaria de Discapacidad en la dirigencia estatal del llamado Movimiento Naranja.
Además,otras dos integrantes del Comité de Campaña de la candidata a la alcaldía, Mónica Dávila, decidieron ponerse la camiseta del panista Arturo Soto Alemán.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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