Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
A partir de éste año, cualquier profesionista con perfil docente podrá participar en el examen de oposición que anualmente aplica la Secretaría de Educación Pública, (SEP), para el reparto de nuevas plazas magisteriales.
La apertura al concurso es una de las disposiciones contenidas en la Reforma Educativa. El legislador fijó un plazo de dos años, que vencen en el 2016, para aperturar la disputa de plazas magisteriales de manera tal que ya no sea una oportunidad exclusiva de los Normalistas.
Eso significa que cualquier egresado de instituciones educativas podrá competir por una plaza de maestro siempre y cuando cuente con el perfil docente. Aquí en Tamaulipas podríamos citar como referente a los egresados de la facultad de Ciencias de la Educación de la UAT.
El propósito de fondo con dicha medida es mejorar el nivel del proceso de enseñanza en el país. Tácitamente, la SEP está culpando a los maestros normalistas del rezago o las deficiencias de la calidad de la educación de nuestros niños y jóvenes.
Sin embargo, vale preguntarnos: ¿han sido realmente los maestros los únicos culpables de los rezagos en el sistema educativo del país y en particular de la baja calidad del proceso de enseña-aprendizaje?
En lo personal soy un convencido de que no es así. Me parece que, efectivamente, los maestros han tenido culpa en el atraso que presenta nuestro sistema educativo, pero en definitiva existen otros factores que han contribuido de mayor manera a la situación.
Por ejemplo, la corrupción imperante tanto en el lado gubernamental como en el lado sindical, permitió que, durante décadas, fueran incorporándose como docentes personas que carecían de la mínima formación como tal. Hubo quienes , de la noche a la mañana, aparecieron cobrando como maestros cuando no tenían ni preparatoria terminada y mucho menos vocación.
La herencia y la venta de plazas acelero esa descomposición del sistema educativo. Los maestros que se iban jubilando dejaban su espacio a sus hijos, o a falta de ellos optaban por vender la plaza entre familiares o amigos.
La consecuencia fue inevitable para los estudiantes, quienes de pronto tuvieron como maestros a personas que nada sabían de lo que en teoría estaban enseñando.
Y el resultado final del proceso de enseñanza –aprendizaje fue todavía más desastroso, porque las deficiencias cobraron factura a los alumnos cuando llegaron a las universidades, donde se dieron cuenta de que las bases educativas que traían eran muy endebles.
Por todo eso, me parece excelente idea abrir la oportunidad de enseñar a cualquier profesionista con perfil docente y no solo a los Normalistas, pero creo que simultáneamente tendrán que atacarse otras fragilidades del sistema educativo.
Por ejemplo, todavía falta mucho por hacer para desterrar esos vicios de herencia y venta de plazas de que le hablo. Se ha hecho un esfuerzo importante para combatirlas pero son prácticas que siguen vigentes.
Pese a los “candados” que se han puesto en la ley, hay quienes se siguen dando habilidades para aprovechar cualquier rendija legal y hacer negocio con los espacios laborales en el sector educativo.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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