José del Carmen Perales Rodríguez
Como si pertenecer a un partido político fuera una garantía de capacidad, de gobernabilidad y sobre todo honestidad que es lo que finalmente como ciudadanos esperamos, se ha vuelto común encontrar ataques basados en prejuicios contra quienes han tomado el camino de la independencia como una forma de llegar a gobernar.
Es cierto que la inexperiencia o mejor dicho la falta de colaboradores con suficiente colmillo para bien o para mal, según sean las necesidades del encargo que le confieran, puede traerles problemas a la hora de tomar el mando de alguna administración, pero aún en los casos más recientes se ha detectado este rasgo con todo y el rancio abolengo de la organización que respalda a algunos de nuestros gobernantes.
Los intentos de cerrarle el paso a los candidatos independientes se han gestado desde el mismo seno de las instituciones legislativas, cuyos integrantes, sobre todo los que provienen del llamado chiquitiaje, han buscado de todos los modos garantizar que el «queso» no se reparta entre más partidos, porque entonces les tocarían apenas migajas.
Vale aclarar que no se trata de abrir las puertas a quienes tienen orígenes e incluso intereses obscuros o turbios, sino de dar oportunidad a que quienes se han encaramado por sí solos o con padrinazgos en el poder entiendan de una vez por todas qué es lo que espera de ellos la sociedad, por qué les dieron el voto y que cumplan con su plan de gobierno, que no echen a la basura los compromisos tan pronto se sientan en la silla.
No faltará quien tenga un punto de vista distinto u opuesto al mío y lo respeto, pero estoy seguro que también como yo está en contra del inmovilismo en la función pública, en las estructuras y en la composición de los mismos poderes, ese inmovilismo que desde joven, en mi caso, me ha llevado a toparme una y otra vez con los mismos nombres en las nóminas gubernamentales, en dependencias donde la característica no es la mejora, eficiencia u honestidad, salvo escasas y muy honrosas excepciones.
Ahora bien, el cambio de ninguna manera puede ser sinónimo de alternancia porque se ha comprobado lamentablemente echando a perder, que la llegada de nuevas siglas o grupos al poder no garantizan prácticamente nada, salvo barrer con el pasado inmediato aún y cuando ello signifique injusticias a causa de nulas o malas evaluaciones del recurso humano, como ya le hemos visto.
Si durante decenas de años se le ha dado el beneficio de la duda a quienes provenientes de uno o dos partidos llegan a gobernarnos, habría que ir haciendo algo similar con aquellos que sin afanes protagonistas ni hambre de poder o dinero están en busca de un puesto de elección popular.
APUNTE.- Salud y Educación son las dependencias que por cuestiones de cierre de sexenio o del proceso electoral no pueden cerrar la llave de los recursos, porque a la población que requiere de su atención lo que menos le importa es que sean tiempos políticos o de entrega-recepción.
Aquí es cuando los ajustes al cinturón debieron ser tales que permitan que la cuerda dure los seis años y no menos de cinco, si bien los eventos han comenzado a disminuir en ambas secretarías no debe ocurrir lo mismo por ejemplo con el abasto de medicamentos o el pago de servicios básicos de las escuelas.
Hasta ahora todo ha transcurrido sin mayores contratiempos, salvo algunas quejas en municipios pequeños en lo que se refiere a medicamentos, pero que es de esperarse sean eficientemente atendidas y solucionados los problemas.
PENDIENTES.- El caso del profesor David López Vázquez, quien concursó en julio de 2015 por una plaza directiva de educación media superior y resultó idóneo, se ha convertido en un viacrucis pues primero le escamotearon la dirección de la Preparatoria Federalizada No. 1, ahora parece le harán lo mismo en la Preparatoria Federalizada No. 2. ¿Y la Ley General del Servicio Profesional Docente?
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