Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación, (SCJN), les acaba de dar un “coscorrón” a los Estados.
O mejor dicho, prácticamente los puso entre la espada y la pared: les advirtió que aquellas legislaciones Civiles que definan el matrimonio como la unión legal entre un hombre y una mujer incurren en inconstitucionalidad.
Muchos podrán pensar que ya con anterioridad la SCJN se había pronunciado en ese sentido al conceder la protección de la justicia federal a quienes en vía de amparo reclamaron su derecho a casarse con personas del mismo sexo.
Y es cierto. La diferencia está en qu0e aquellas sentencias solo surtían efectos para los quejosos mientras que ahora el Tribunal advierte que “todos” los Códigos que prohíban el matrimonio entre personas del mismo sexo, incurren en inconstitucionalidad.
De ese modo, las entidades federativas tendrán que decidir entre desobedecer al máximo tribunal Constitucional del país o seguir cediendo a las presiones de los grupos conservadores de la sociedad, entre ellos la iglesia.
La resolución de los Jueces recayó en una sentencia al resolver una acción de inconstitucionalidad contra el estado de Jalisco.
Ordenaron anular las porciones de tres artículos del Código Civil de esa entidad, donde se establece que el matrimonio es únicamente entre un hombre y una mujer y excluye a las parejas del mismo sexo.
“Es discriminatorio y atenta contra los derechos humanos” concluye la SCJN.
El “coscorrón” de los Ministros alcanzó también a Tamaulipas. De hecho fue a quien más dolió por la resistencia que ha mostrado a reformar su legislación en la materia.
A pesar de que la misma SCJN ha resuelto a favor varios docenas de amparos promovidas por homosexuales tamaulipecos que reclaman su derecho a casarse como cualquier heterosexual, las autoridades locales se han negado a dar un paso que tarde o temprano tendrán que dar: reformar el Código Civil.
El matrimonio igualitario tendrá que estar en la ley aun y con la presión en contra de cierto sector de la sociedad que ve las uniones entre personas del mismo sexo como aberrante.
Y es que, por más mal que muchos vean el llamado matrimonio igualitario, finalmente se trata de un derecho que como sociedad tendremos que respetar.
Vistas así las cosas, seguramente los legisladores locales tendrán que darse prisa en cambiarle la letra al Código Civil. No hay de otra.
EL RESTO.
Quienes pasamos por las aulas de la UAT hace ya por lo menos dos décadas, sabemos que el Rector Carlos Enrique Etienne Pérez del Río, tiene razón cuando se refiere al porrismo.
El martes reciente, frente a alumnos de la Unidad Académica de Derecho y Ciencias Sociales, la facultad que más padeció ese mal, Etienne dijo que “el porrismo es cosa del pasado”.
No mintió. Entre la UAT de ahora y la del vandalismo de hace años, hay un mundo de diferencia. Afortunadamente para bien.
ASI ANDAN LAS COSAS.
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