La semana pasada salieron al aire los spots que anuncian la nueva temporada de House of Cards. Qué bien lo hacen. Televisión de primer nivel. Los promocionales son más bien la campaña del protagonista, Frank Underwood, con la que buscará la Presidencia de Estados Unidos, un adelanto a lo que serán los nuevos episodios. Incluso se preparó una aplicación para que, quien lo desee, se una a la campaña a través de su avatar de Facebook y Twitter. Es evidente el entendimiento que los estadunidenses hacen de una industria como la de la comunicación. Logran converger todas las vías hacia todas direcciones. Porque, aunque mi ejemplo es el de una serie de televisión, cuyo único propósito es el del entretenimiento, observamos otros más, muchos más, en una coyuntura política en donde el papel de los medios de comunicación, los tradicionales y los emergentes, tienen un papel importantísimo, y han logrado esa unión para ser, ambos, vehículos apropiados para mandar un mensaje.
Michelle Obama, por ejemplo, es hoy una de las líderes más respetadas (antes que todas está Oprah), a quien se le reconoce por su papel de primera dama, llevando una agenda “tradicional”, pero también ha utilizado las nuevas plataformas, como YouTube, para enviar mensajes que terminan por dar la vuelta al mundo. Búsquele, seguro encontrará videos de la esposa de Barack Obama apareciendo en programas de televisión, como el de Jimmy Fallon o Ellen DeGeneres o bailando y cantando un rap que busca convencer a los jóvenes de no dejar sus estudios. Seguramente también encontrará alguno en donde se está ejercitando como parte de su campaña contra la obesidad. Al mismo tiempo, aparece en la portada de la revista Vogue, con todo el porte del mundo.
Hillary Clinton hizo oficial el inicio de su campaña a través de redes sociales. Un video perfectamente armado en todos sus aspectos fue la catapulta para comenzar ese trayecto que muy posiblemente la haga la candidata demócrata. Después de ese video han seguido otros más; uno donde sólo habla de migración, otro dedicado a los derechos LGBT. Clinton ha aprovechado el poder de las redes sociales, su campaña no se limita al mainstream media; aquel tuit de apoyo y solidaridad cuando estábamos próximos a recibir el huracán Patricia o aquella despedida suya hace un par de noches en el debate organizado por la cadena ABC, donde soltó la famosa frase de Star Wars: “May the Force be with you”, son apenas algunos ejemplos de una comunicación que hace convergencia con todas sus plataformas. De una estrategia integral que abraza todas las plataformas de comunicación, que entiende el presente y mira al futuro, no una desesperada que, como no entiende el presente, se aferra al pasado.
Hace unas semanas, ya en la recta final de la campaña española, un spot de Mariano Rajoy también le dio la vuelta al mundo. #TambiénLosHipsters fue el nombre de este anuncio en donde un grupo de amigos cuestionaba a otro por su intención de voto en favor de Rajoy. El comercial de televisión se nutrió con el hashtag en Twitter. No sabemos qué tanto influyó ese anuncio en los jóvenes españoles, pero sí sabemos que Rajoy ganó la elección del domingo pasado.
Estos ejemplos son muestra de esa convergencia que algunos han logrado entre el mainstream y el new media, porque no se trata de que ambos mundos estén peleados, al contrario. El escenario ideal sería uno en el que puedan trabajar juntos. Así lo están haciendo esas democracias que se valen de los recursos de todas las plataformas para enviar su mensaje. Saber comunicar es una herramienta indispensable para cualquier personaje, más aun si éste desea convertirse en un líder. Eso es algo que le sale muy bien a Andrés Manuel López Obrador: conoce a su electorado, sabe qué decir y cuál es el mejor momento para hacerlo, por eso la gente que lo apoya lo hace ciegamente. Es algo que en otros lados no han aprendido a hacer, porque siguen encantados con el protocolo y las formas donde se habla de “destapes”, de “cerrar filas” o de “pronunciarse en favor de fulano”; estrategias políticas de los años setenta, donde un mensaje presidencial debe ser en cadena nacional… Porque no entienden el presente, es que se aferran al pasado —y, lo peor: piensan que eso les funciona.




