Por José de Jesús Velázquez.
México debe crear las condiciones para producir etanol en entidades con potencial agrícola como Tamaulipas, consideró Juan Antonio Hinojosa, asesor de la correduría FCStone Latín América de Miami Florida.
“Como productor claro que sería benéfico. Estaríamos viendo un impacto importante en el sector agrícola. Sería de mucho beneficio” indicó el especialista, entrevistado aquí al asistir al Consejo Internacional de Productores de Sorgo.
En el caso de Tamaulipas las condiciones son propicias porque es un alto productor de granos como sorgo y maíz, con un promedio de 3.5 millones de toneladas cada año.
Recordó que en Estados Unidos, fue en 2005 y 2006 cuando el Gobierno federal comenzó a generar incentivos para producir etanol con el cual satisfacer sus necesidades de energía sin depender del petróleo de otros países.
“Se les dio incentivos fiscales a los productores para que construyeran sus propias plantas. De esa manera hoy los estadounidenses destinan hasta la tercera parte de su producción de granos para producción de etanol” señaló.
El ejemplo , opinó, debería ser retomado por México para incentivar la producción de etanol en aquellos estados con alto potencial agrícola.
De hecho, dijo, Pemex realizó licitaciones para comenzar a distribuir y comprar etanol a finales del 201y y en el 2018, pero no hay detalles de las condiciones de esos convenios.
Cabe señalar que en Tamaulipas, desde hace cinco años se viene proyectando la construcción de una planta de etanol en el municipio de Valle Hermoso.
Sin embargo, a la fecha es un proyecto que permanece en el olvido, presuntamente por falta de financiamiento.
La alternativa para los productores tamaulipecos sería destinar parte de su cosecha de sorgo a la generación de etanol.
El etanol es un biocombustible que se obtiene mediante la fermentación de granos u otros productos ricos en azúcares o almidón, como el maíz, trigo, cebada, arroz, remolacha azucarera, caña de azúcar, sorgo, patata y otros cultivos energéticos.
El etanol se puede utilizar mezclado con la gasolina convencional, normalmente al 5% (E5) o 10% (E10) en los motores de los vehículos sin necesidad de modificarlos. Para utilizarlo en proporciones mucho mayores es necesario que los motores estén preparados especialmente para este biocarburante.



