Su nombre es Abdul Halim al-Attar, un refugiado sirio en Beirut y lo conocimos gracias a una imagen suya que le dio la vuelta al mundo hace un par de meses. En ella se le veía desesperado, vendiendo bolígrafos por las calles mientras cargaba a su hija. Ahora tiene dos panaderías y un pequeño restaurante, en donde emplea a 16 refugiados sirios.




