Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
Con los ojos y los oídos puestos por completo en lo que hacen o dejan de hacer todos los que participan en la disputa por la gubernatura del estado, sucede que no vemos (o no queremos ver) los verdaderos problemas que nos aquejan como sociedad.
Andamos tan distraídos con los discursos huecos y falsos de los políticos, o con los agasajos masivos que a algunos de ellos les ha dado por auto organizarse , con el pretexto de un cumpleaños o presuntamente para dar las gracias a todos los que votaron por ellos en alguna elección reciente, que nos cegamos y dejamos pasar situaciones domésticas que calificamos de pequeñeces y a las que solo reconocemos grandeza cuando se convierten en tragedia.
Le hablo del tema de los cruceros ferroviarios en las principales ciudades tamaulipecas, que funcionan como auténticas trampas mortales para miles de automovilistas que a diario los transitamos.
A muchos pudiera parecerles un tema menor pero para nada lo es. Quienes así lo piensen solo tendrían que remontarse al 15 de febrero pasado cuando un choque de un autobús de pasajeros con un tren, en el municipio de Anáhuac, Nuevo León, dejó como saldo 21 muertos y una decena de heridos.
Aquí mismo, en la Capital del estado, el domingo reciente un tren embistió en la calzada Luis Caballero, la camioneta donde viajaba una familia de “paisanos” que recién llegaban a la Ciudad procedentes de Estados Unidos. Por fortuna no hubo víctimas mortales.
Seguramente son abundantes las historias trágicas sucedidas en las vías del ferrocarril pero considero que bastan esas dos para demostrarle que los cruceros ferroviarios son verdaderos “cruceros de la muerte”.
Desde luego que mi intención va más allá de intentar convencerlo a usted de los riesgos que implican los cruces ferroviarios. Con justa razón me dirá que no le cuento nada nuevo. Y así es.
Pero en realidad mi colaboración lleva como destinatarios a las autoridades municipales y estatales.
El propósito real es hacer conciencia entre los dos órdenes de Gobierno para que busquen alternativas de solución al problema antes de que tengamos que estar escribiendo acerca de una nueva tragedia.
Por ejemplo, los Ayuntamientos y el Estado tienen dos opciones: una, exigirle a la empresa ferrocarrilera que cumpla con su obligación de colocar “plumas” preventivas en cada crucero , o dos, instalar a costo propio el mecanismo.
Pero hay algo que queda claro: cualquiera que sea la alternativa que la autoridad elija debe darse prisa en aplicarla, porque cada día son cientos o miles las personas que se colocan en riesgo mortal.
Le insisto: no se trata de exagerar el tema. La idea es solamente convencer a la autoridad de que busque un remedio temprano. ¿Estamos?.
ASI ANDAN LAS COSAS.



