Por Yuriria Sierra.
A bordo del avión presidencial llegó a Egipto la canciller Claudia Ruiz Massieu. La acompañaron familiares de las víctimas de la agresión militar, además, de elementos de la Policía Científica y de la SS, todo para ayudar en la identificación de los seis mexicanos de los que hasta ese momento no se conocía su estatus. Durante su viaje a El Cairo la canciller se entrevistó con familiares de los afectados, se pudo corroborar lo que el Ministerio egipcio había dado a conocer: no eran dos, sino ocho los fallecidos. Los seis que faltaban por identificar murieron, según lo que la misma SRE dio a conocer en un comunicado publicado una hora después del arribo de la delegación mexicana a Egipto. La identificación de estos se logró con el cotejo de la lista de pasajeros que proporcionó la agencia de viajes encargada del paseo y los servicios de los que dispusieron los elementos de la Policía Científica, pues se dijo que se ordenaron también exámenes de ADN. Ruiz Massieu ha manejado con pulcritud la comunicación de la tragedia: a pesar de la exigencia por información inmediata ni ella ni la gente a su cargo cayeron en la tentación de dar por ocurridas muertes que no se tenían plenamente confirmadas. Y viajó. Una vez en el lugar, optó por enfocarse en las diligencias necesarias para encontrarse con las autoridades egipcias, son las únicas, que pueden ayudar a que las certezas se generen. Justo por ello es que desde el arribo de la canciller a Egipto, se dejaron de conceder entrevistas de parte de cualquier funcionario de la SRE, dadas las condiciones y la magnitud de los acontecimientos, la seguridad de lo que se informa es de vital importancia. No se pueden soltar simples conjeturas ni supuestos, no sólo porque se trata de un acontecimiento que tensa cualquier relación diplomática, sino también porque fueron varias las vidas que se perdieron. Vaya manera en que inició la gestión de Ruiz Massieu, pero qué claridad se ha demostrado en cuanto al protocolo de lo que se debe hacer en una emergencia como ésta. De igual forma ha sido evidente la disposición de las autoridades mexicanas para no hacer de este asunto un motivo de conflicto, sino uno de cooperación para que con sus homólogos egipcios logren transparentar todo lo sucedido y sus porqués. Tal es la voluntad del gobierno federal, que por primera vez se dispone del avión presidencial para trasladar los restos de los mexicanos fallecidos. Porque es para ese tipo de momentos que se usa un avión oficial. Ahora bien, la reacción del gobierno mexicano ha sido por demás la adecuada, pero ¿y el de Egipto? Supimos que ayer el presidente egipcioAbdelfatah Al-Sisi habló vía telefónica con Enrique Peña Nieto para asegurarle que se muestran dispuestos a la cooperación para asistir a los mexicanos heridos, no se comprometió, explícitamente a dar con los culpables y llamarlos a cuentas. Y esta omisión me remite a algo que leía ayer en El País: “Desde hace un par de años, Egipto padece el azote de una tenaz insurgencia islamista que ha cobrado la vida de cerca de 700 agentes de las fuerzas de seguridad. Varias organizaciones de derechos humanos, incluida Human Rights Watch, han denunciado que el Ejército egipcio aplica una política de tierra quemada en los puntos más calientes del conflicto, como la península del Sinaí. Además, de abusos contra la población, han criticado la impunidad de las fuerzas del orden, que raramente deben rendir cuentas ante los tribunales. De hecho, una ley antiterrorista aprobada el mes pasadoblinda a los agentes de cualquier persecución legal por acciones de la lucha antiterrorista….”. Este reporte, firmado por Ricard González, subraya un tema sobre el que todos los países del mundo comiencen a trabajar: nadie está preparado para atender una emergencia provocada por el Estado Islámico, y en el caso de Egipto, vemos que sus mismas leyes están redactadas sólo para justificar acciones, no para prevenirlas o controlarlas, por ello el presidente egipcio no se comprometió a encontrar a los culpables. Por lo pronto, la reacción de Peña Nieto y de su canciller Ruiz Massieu ha sido por demás acertada. Ya veremos si la del gobierno egipcio estará también a la altura de la tragedia que ellos mismos provocaron.




