Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
Aunque todavía falta aprobar el segundo filtro que son los tribunales jurisdiccionales, a donde muy seguramente acudirán algunos de los perdedores, el PRI amaneció ayer como el virtual ganador en los ocho distritos electorales de Tamaulipas.
¿Fue una sorpresa? Desde luego que lo fue. Tomando en cuenta el resultado de dos elecciones federales anteriores donde el tricolor fue “barrido” por la oposición panista, lo de éste domingo debe llenar de optimismo al PRI.
¿Qué sucedió? Esa es una respuesta que debe tener trabajando a los partidos opositores, sobre todo al PAN, que insistentemente estuvieron vaticinando triunfos en al menos cuatro de los ocho distritos electorales, entre ellos Matamoros y Nuevo Laredo, actualmente gobernados por administraciones blanquiazules.
En algo pudo haber influido que el Gobierno federal esté en manos del PRI. Hay que recordar que cuando el PAN escribió sus victorias más grandes en las urnas tamaulipecas, fue durante mandatos federales panistas. Para nadie es un secreto que por más “candados” que haya en las leyes , siempre el que ejerce el poder tendrá margen de influencia sobre los órganos electorales. Si así fue se sabrá en su momento.
Será interesante saber el diagnóstico opositor sobre lo ocurrido en Tamaulipas, pero mientras tanto el festejo en la cancha tricolor es inevitable.
Desde luego que hay razones de sobra para que los priistas tamaulipecos estén con el ánimo en las nubes. Una de ellas, como le decía, es que dejaron atrás ese “fantasma” de la derrota de procesos anteriores, pero sin duda la principal razón para festejar es que el panorama les pinta inmejorable rumbo al 2016.
Los priistas entrarán de lleno al proceso local del 2016 con la confianza y el optimismo a todo lo que da. La amenaza de la alternancia en el poder se hace chiquita frente a los resultados en las urnas electorales.
Creo que ahí radica la verdadera importancia del triunfo priista: en que les recarga las baterías para enfrentar la elección local.
Basta imaginarnos un escenario contrario al ocurrido el domingo: ¿Cómo cree que anduvieran los del PRI, en relación al 2016, si hubieran perdido la mayoría de los distritos? La respuesta es obvia: se sentirían derrotados desde ahora.
Pero no. Le insisto: los priistas andan felices por su triunfo de “8 de 8”, pero sobre todo porque el panorama les pinta inmejorable hacia el verdadero reto que enfrentarán en junio del 2016, cuando buscarán mantenerse en la gubernatura y con la mayoría en el Congreso del Estado y en los 43 Ayuntamientos.
Es cierto que nunca será lo mismo una elección intermedia a una local como la que viviremos el año próximo, pero al menos la ventaja ya está del lado del PRI.
Desde luego que la contundencia de la victoria electoral le permitirá al PRI tamaulipeco fortalecerse frente a los ojos de sus jerarcas nacionales, lo cual podría ser decisivo llegado el momento en que se tenga que decidir por la candidatura para la gubernatura del estado.
Ya ve usted que el dilema es en el sentido de si la decisión saldrá de México o de aquí mismo en Tamaulipas.
Al tiempo, tiempo.
ASI ANDAN LAS COSAS.




