Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
Hace algunos años, cuando la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), acostumbraba aplicar exámenes antidoping a su personal, en especial al de la Policía Ministerial, lo hacia abajo un riguroso protocolo.
El protocolo exigía que la aplicación de la prueba detectora de consumo de drogas se realizara bajo la supervisión de un agente del Ministerio Público y un representante de la Contraloría estatal. Con ello se daba certeza tanto a la institución como al examinado.
La muestra de orina era recabada casi bajo la mirada de los funcionarios supervisores.
Pero hay otro aspecto importante: la prueba se aplicaba de manera sorpresiva porque técnicamente los rastros de droga en el cuerpo humano solo se mantienen durante determinado tiempo.
De esa forma, si algún policía sabía que dentro de un mes o dos meses se le iba a someter al antidoping, de tonto consumiría su dosis. Por eso, se le elegía aleatoriamente y en un día inesperado para él.
Le cuento de ello porque, bajo esos requerimientos protocolarios que exige la aplicación de una prueba antidoping para que sea efectiva, mueve a risa, carcajada incluso, esa alharaca que traen con el tema algunos partidos políticos.
Obviamente en busca de simpatías ciudadanas que les reditúen votos el 7 de junio, muchos candidatos están aplicándose la prueba antidoping para “demostrar”, según ellos, que son personas sanas , libres de cualquier adicción.
El detalle está en que dicha prueba no reúne las mínimas condiciones de confiabilidad, por varias razones a saber.
Por ejemplo, el candidato acude a un laboratorio particular y llega con la muestra de orina en la mano, lo que genera dos preguntas: Uno, ¿Quién garantiza que el laboratorio dará un resultado real y no manipulado?,
y dos, ¿cómo saber que la muestra pertenece realmente al que la entrega?.
Por otra parte, el antidoping es una prueba que detecta algún consumo de drogas hecho solo en cierto tiempo, lo que por sentido común llevaría a suponer que alguien que quiera resultar negativo en un examen de ese tipo solo requerirá dejar de consumir su sustancia ilícita en un tiempo determinado.
Bajo esas circunstancias que le cuento, ese antidoping que tanto presumen los que aspiran a un cargo de elección popular no es más que circo o faramalla. Es un insulto a la inteligencia ciudadana.
Si de verdad quieren someterse a esa prueba bajo condiciones de confiabilidad, tan sencillo como que cubran el protocolo mínimo.
Para empezar, que entreguen su muestra en el momento y que el procedimiento sea avalado por Notario Público y por todo aquel ciudadano interesado.
Pero sabe qué: dudo mucho que haya un candidato que se vaya prestar a ello. No lo van a hacer porque su objetivo es solo atraer reflectores mediáticos y no andar exponiendo sus debilidades.
EL RESTO.
Por cierto, suponiendo que alguno de esos candidatos diera positivo a un antidoping (lo cual es algo imposible), ¿podría inhabilitársele para seguir en la contienda?.
La respuesta es un “no”. Probablemente el partido político al que pertenece dejaría de cobijarlo, pero un recurso de amparo seguramente echaría abajo cualquier resolución en ese sentido.
Al tiempo.
ASI ANDAN LAS COSAS.



