Por Yuriria Sierra.
En un país como México, en donde las diferencias entre las ciudades más desarrolladas y las comunidades más alejadas —y rezagadas— resulta sumamente alentador que la infraestructura de comunicación esté creciendo como lo ha hecho en los últimos años. La puesta en operación de la Reforma en Telecomunicaciones, hace un par de años, ha logrado que en tan poco tiempo nuestro país se reposicione en el rank mundial de países con mayor cobertura de, por ejemplo, conectividad.
Ayer, Gerardo Ruiz Esparza hablaba sobre cómo la industria mundial comienza a ver a México como una posibilidad de inversión. Y esto, se quiera o intente rebatir, no sólo trae consigo inversión sino, por supuesto, abre el paso para el desarrollo.
En cuestiones de telefonía, a México han llegado empresas de alto prestigio a nivel mundial. Ya mismo hemos visto en la realidad algunos alcances de la reforma en la materia, como ese fin al pago de larga distancia. Empresas como AT&T ya han concretado su ingreso a nuestro país: “De esta manera, han empezado a formalizarse importantes nuevas inversiones por más de 6,000 millones de dólares, de firmas de calidad mundial, como AT&T, Eutelsat y Virgin Mobile”, decía ayer el titular de la SCT. Y en otro tenor: en los próximos días se sabrá quiénes serán las empresas mexicanas que entrarán a la competencia de televisión abierta.
La Reforma de Telecomunicaciones, sin duda, ha logrado una operación destacable en sus dos primeros años de ejercicio. Hace unas semanas escribíamos aquí sobre uno de los puntos que más han destacado en el rubro de las telecomunicaciones, el Programa México Conectado: “Ha logrado que al menos 65 mil espacios públicos estén conectados a internet de banda ancha. Es decir, que el 96% de los municipios del país tengan, al menos, uno de estos espacios, incrementando la cifra a 18 millones de mexicanos con acceso a internet. Ya no sólo limitar el internet a uso doméstico o a dispositivos propios, sino incorporarlo a espacios de uso común y donde se tengan herramientas para utilizarlo, como escuelas (pasando de 5 mil a 45 mil conectadas), universidades, bibliotecas, hospitales e incluso ya a varios parques y plazas…”.
El secretario de Comunicaciones y Transportes, ayer, fue aun más preciso con respecto al alcance de este programa comandado por Mónica Aspe Bernal y, según datos revelados por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, de diciembre de 2012 a junio de 2014, nuestro país se colocó por encima de otros, como Grecia y Portugal, en cuanto a penetración de banda ancha, pues ésta se duplicó, llegando a 39.9 suscriptores por cada 100 habitantes. Los usuarios de internet se elevaron en un 16% gracias a aquellos 65 mil espacios públicos con red inalámbrica de los que se habló hace unas semanas.
Y esto, claro, son buenas noticias. Además porque cada una de estas acciones, con resultados reales, permite el desarrollo de comunidades enteras. No es sólo hablar de conectividad, radio, telefonía o televisión, sino también de las implicaciones que cada una de estas herramientas tiene. Y es que, además, lo que se ha logrado ha ido a parar directamente al 75% de los municipios que forman parte de la agenda de la Cruzada Nacional contra el Hambre, según lo dijo la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles. Y claro que la conectividad es una de las herramientas más poderosas para acelerar el combate a la pobreza y la generación de mayores (y mejores) redes para la creación de cadenas productivas, plataformas para agregar valor y empoderar a los mexicanos más marginados en las otrora olvidadas regiones del país.
No es de la noche a la mañana. Y aunque la SCT ha sido muy cuestionada en los últimos meses, hay que saber reconocer los importantes avances que en varias materias se han logrado. Porque ese trabajo puede hacer —y pronto— la diferencia entre un México estancado y uno mucho más pujante.




