Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
La noche del sábado reciente, razones personales me obligaron a permanecer casi dos horas en la sala de urgencias del Hospital General de Ciudad Victoria. Mientras un familiar recibía atención médica, dedique el tiempo de espera a analizar detenidamente el servicio que presta el nosocomio a sus derechohabientes y a quienes no lo son.
Hace algunas semanas también “visite”, contra mi voluntad, el hospital del IMSS victorense , y todavía más atrás pude recorrer las instalaciones de la clínica del ISSSTE. De esas tres visitas pude obtener un común denominador de los nosocomios de la capital tamaulipeca: están rebasados en su capacidad y en consecuencia el servicio que prestan es deficiente.
Es una realidad innegable. La infraestructura hospitalaria de Ciudad Victoria, y muy seguramente de todo el estado, es por completo insuficiente para garantizar el derecho humano a la salud que nos asiste a todos los mexicanos.
El fin de semana, por ejemplo, pude ver a un hombre con el rostro ensangrentado, tendido sobre una camilla en el pasillo de urgencias, en espera de ser intervenido quirúrgicamente porque los quirófanos estaban ocupados.
Que los quirófanos sean insuficientes es entendible. Lo que no es entendible e injustificable es que un paciente tenga que permanecer en un pasillo porque no hay espacios digno para recibirlo. Por supuesto, el hombre ensangrentado no era el único en recibir trato indigno. Había varios pacientes más en condiciones denigrantes.
Pero no solo es el Hospital General el que se enfrenta a esa problemática. La situación es peor en la clínica del ISSSTE. La semana pasada el representante de los maestros jubilados y pensionados de Tamaulipas, Rodrigo Tavares García, denunciaba precisamente el pésimo servicio médico que reciben.
“Por ejemplo, en urgencias es donde más se ve y repercute la falta de personal. Es increíble que en la noche haya un solo médico y una enfermera para atender a alrededor de 50 pacientes. Me tocó ver esta situación hace pocos días en que tuve que ir al hospital” dijo Tavares.
Estoy de acuerdo con usted, porque seguramente lo piensa: no he descubierto el hilo negro en éste tema. Sin embargo, a pesar de tratarse de una situación evidente desde hace ya varios años, pareciera que la autoridad no está muy interesada en atenderla. Por eso el propósito de traer el problema a éste espacio aunque sea un asunto de dominio público.
Creo que, como en todo, debe haber prioridades y la salud es una de ellas. Más que cualquier otra obra, la ampliación de los hospitales ya existentes y la construcción de otros, debe estar en la primera línea de las políticas públicas.
No quiero restarle importancia a otras áreas, pero seguramente si le preguntamos a los ciudadanos su preferencia por un nuevo hospital o un campo deportivo o parque de barrio, se inclinará por lo primero.
Cuando tengamos resuelto el déficit hospitalario, con atención médica de calidad, entonces sí, el Gobierno, en sus tres órdenes, se podrá dedicar a invertir su presupuesto en otras áreas.
Primero es lo primero. ¿No cree usted?
EL RESTO.
Hoy, al mediodía, se reunirán en la sede del Poder Legislativo, los diputados y los representantes de todos los partidos políticos. Analizarán la Reforma Político-Electoral, como parte de un ejercicio tendiente a construir el nuevo Código Electoral para el Estado.
La pregunta es: ¿Tendrán los partidos voto real en la creación del nuevo Código, o solo se limitarán a firmar el documento?.
ASI ANDAN LAS COSAS.




