Por Rogelio Rodríguez Mendoza.
El Partido Encuentro Social (PES), acaba de anunciar la eventual postulación del actor Carlos Villagrán, “Quico”, como candidato a la alcaldía de Querétaro, mientras que el Partido Social Demócrata (PSD), estudia convertir a Cuauhtémoc Blanco, como su abanderado a la presidencia municipal de Cuernavaca.
No son, los de “Quico” y Blanco, los primeros o únicos casos de personajes de la farándula o deportistas, de cuya fama intentan colgarse los partidos políticos en un afán de allegarse votos en la próxima elección federal. Abundan por decenas historias similares.
Desde luego que el tema trae dividida a la sociedad. He escuchado y leído críticas muy severas contra los partidos que recurren a esa estrategia, porque consideran como una ofensa el hecho de que echen mano de ese tipo de figuras públicas para cargos de elección popular.
Pero también he encontrado un amplio sector a favor de las precandidaturas en cuestión. Finalmente, dicen quienes respaldan el tema, la política ha sido y es un auténtico circo. Es un verdadero show.
Pues bien, no sé usted, pero en lo personal soy de los que apuesto por “Quico” y por “El Temo”. Desde mi perspectiva, personajes como ellos y otros del mundo del espectáculo y deportivo, infunden más confianza en el electorado que un desconocido o conocido “Juan de las pitas”, o que un dinosaurio o chapulín de la política.
No entiendo porque se asombran, se asustan o se preocupan, algunos o muchos, con las precandidaturas o candidaturas de los famosos. Son ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones que cualquier mexicano por lo que no hay razón para descalificarlos.
Por lo demás, a lo mejor y en una de esas, esos millones de ciudadanos que en cada elección prefieren quedarse en casa en vez de acudir a las urnas, se animan a ejercer su derecho al voto atraídos por esos actores, actrices o deportistas postulados como candidatos.
Supongo que quienes critican o descalifican las candidaturas de los famosos lo hacen por considerar que con ello se le resta seriedad al proceso electoral, pero en realidad la política nunca ha sido seria porque está infestada por payasos o actores anónimos que a diario protagonizan un show disfrazado de seriedad.
Por ejemplo, si alguna vez usted ha tenido oportunidad de asistir a una sesión de alguna legislatura federal o local, sabrá de qué le hablo. Lo que se ve en la tribuna se queda corto a cualquier obra de teatro. Lo mismo sucede en las sesiones de Cabildo.
Por otra parte, muchos de esos famosos seguramente están mejor preparados para hacer un buen papel desde una alcaldía o desde una curul en la Cámara de Diputados.
¿Estamos de acuerdo?.
EL RESTO.
Hombre caballeroso, atento, solidario, amigo , el abogado José Alfredo Jiménez Amaya, se nos adelantó en ese viaje eterno al que todos debemos partir en algún momento.
Desde aquí mi abrazo fraterno hacia su familia. Ausencias como la de José Alfredo duelen, y mucho. Quienes lo conocimos lo extrañaremos.
ASI ANDAN LAS COSAS.




