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El espejo de Tomas.

Por ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.

Cuando uno ve al exgobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington Ruvalcaba, caminar escoltado por un grupo de policías gringos, que lo llevan a la prisión donde probablemente pasará el resto de su vida, lo invade una mezcla de sentimientos.
En lo personal, lo primero que afloró en mí, al ver aquella escena, fue una especie de lástima y pena por quien en algún momento fue el político más poderoso de Tamaulipas, el mismo que incluso llegó a ilusionarse con la idea de convertirse en Presidente de la República.
Casi en automático me asaltó también una cascada de preguntas: ¿Qué estaría pensando Tomás cuando iba en camino a la cárcel? ¿Se habrá arrepentido? ¿Por qué alguien con una inteligencia privilegiada no usó ese regalo de la naturaleza para hacer el bien, y en cambio prefirió utilizarla para amafiarse con los narcos y amasar con rapidez una fortuna, que al final son otros los que la disfrutarán?.
Esas y otras interrogantes seguramente son las mismas que nos hicimos muchos de quienes vimos a Yarrington en esa condición penosa de presidiario, pisando tierra estadounidense. Las respuestas cada quien las puede imaginar a su conveniencia.
Me queda claro, sin embargo, que la historia de Tomas, como la de Eugenio Hernández Flores, César Duarte, y otros ex gobernadores presos por corrupción, deberían ser espejo para todos aquellos políticos mexicanos que siguen viendo el poder público como una especie de vía corta para amasar fortuna.
Porque ese es el gran problema de éste país: que quienes incursionan en la política y buscan a costa de lo que sea alcanzar un cargo público, ya sea de elección popular o en un Gobierno, lo hacen pensando en los privilegios que les otorgara su posición, pero sobre todo en la posibilidad que tendrán de resolver el futuro económico propio y de sus familias. Difícil, por no decir que imposible, encontrar un político que busque genuinamente el poder político para servir a la sociedad, como debería ser.
Soy un convencido de que, en temas como el combate a la corrupción, a la par de diseñar una estrategia que fortalezca la cultura de la legalidad y el respeto , sobre todo en los niños, hay que llevar a prisión a los corruptos. Aplicar la ley a rajatabla. Dar escarmientos.
Por eso, me parece que historias como las de Yarrington mucho podrían ayudar para inhibir a aquellos que siguen manteniendo vigente la idea de que los cargos públicos son para enriquecerse.
No lo sé, pero casi le puedo asegurar que si a Tomás le ofrecieran la oportunidad de arrepentirse y quedarse solo con lo que lleva puesto a cambio der ser liberado, la tomaría sin pensarlo, porque por encima de cualquier cosa, la libertad será siempre el bien más preciado para todo ser humano.
Eso es algo que tenemos que entender todos, comenzando por los políticos.
EL RESTO.
Por cierto, el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, confió en que el caso de Yarrington siente un precedente ejemplar,. para que historias de corrupción como la suya no vuelvan a repetirse en Tamaulipas ni en ninguna otra parte del país.
Dijo que su administración coadyuvara con el Gobierno de Estados Unidos aportándole cualquier información que le soliciten para procesar al exgobernador.
ASI ANDAN LAS COSAS.
roger_rogelio@hotmail.com

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