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Política religiosa

ROGERPor ROGELIO RODRIGUEZ MENDOZA.

NO HAY NADA malo en el hecho en sí, pero no deja de sorprender el que un religioso sea condecorado por un Gobierno.
Por primera vez, en los 14 años que lleva instituida la medalla al mérito, “Luis García de Arellano”, éste miércoles fue entregada a un sacerdote: Monseñor, Oscar Guadalupe Lozano Molina.
Originario de Nuevo Laredo, hermano por cierto del exdiputado local panista, Samuel Lozano Molina, el religioso recibió la medalla de manos del Gobernador, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, en sesión solemne del Congreso del Estado.
Recibió el homenaje por su incansable y apasionada lucha en la defensa de los derechos humanos de los migrantes, merito que cobra mayor relevancia en tiempos actuales cuando se vive precisamente una crisis humanitaria, derivada del endurecimiento de las políticas migratorias ordenadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y que están provocando deportaciones masivas de mexicanos que viven ilegalmente allá.
Le insisto: no hay nada irregular en la condecoración de Monseñor Lozano Molina, pero como que los tamaulipecos, y los mexicanos en general, no estamos muy acostumbrados a ver esa convivencia tan cercana entre iglesia y Gobierno, o sacerdotes y políticos.
EL ASOMBRO es aún mayor por dos razones.
Una, porque el homenaje a un sacerdote ocurre al día siguiente de celebrarse el natalicio de Benito Juárez, el Presidente de México que precisamente promulgó las llamadas Leyes de Reforma, que marcaron la histórica separación de la Iglesia y Estado.
Y dos, porque son ya varios los eventos donde el Gobierno enseña un cierto apapacho a la iglesia, y no exclusivamente a la Católica porque el mismo trato se ha dado a la Cristiana.
Además, en el discurso político está volviéndose común el uso de palabras que antes eran impronunciables, como ese, “Dios los bendiga” , con que se despidió el martes, el Secretario General de Gobierno, César Verastegui Ostos, al término de su discurso en la celebración del natalicio de Benito Juárez.
O está el caso también del presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, Carlos Alberto García González, quien al leer una semblanza del homenajeado Monseñor, Oscar Guadalupe Lozano Molina, incluyó un, “estoy seguro que Dios le tiene reservado un merecido reconocimiento, porque más bienaventurado es dar que recibir”.
¿Es buena o mala esa injerencia religiosa en la política? Cada ciudadano tendrá su propia respuesta , pero en lo personal creo que, partiendo de que somos una sociedad mayoritariamente creyente, será una relación sana siempre que el objetivo a perseguir sea el de coadyuvar en favor del bien común.
Dicho más claro: será bueno el vínculo siempre y cuando no haya atrás un interés insano de manipular masas para lograr un fin electoral.
EL GOBERNADOR, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, puso el dedo en la llaga al señalar que, fue un error enorme haber desaparecido las Policías Municipales.
Aquí, en su momento, advertimos con insistencia de esa equivocación garrafal porque se dejaría desprotegida a la sociedad de la delincuencia común. Nadie hizo caso.
Hoy, anticipamos otro hecho inminente: los Gobiernos terminaran reviviendo esas corporaciones. No tendrán de otra alternativa. Al tiempo.
ASI ANDAN LAS COSAS.
roger_rogelio@hotmail.com

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