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Prospera, veinte años después.

274_Martin Sanchez Treviño marzo 16 2016Por Martín Sánchez Treviño

Nunca como en esta época los programas asistencialistas están desorbitados y los que no, están en crisis. Uno de esos es precisamente con el que los gobiernos federales y estatales han lucrado durante veinte años. Y al concluir dos décadas, los instrumentos de evaluación han arrojado un diagnostico negativo respecto a la función de estos lo mismo que la finalidad. Ya que los objetivos quedaron truncados.
En el caso del programa Prospera creado los gobiernos de oposición o panistas, aunque la oposición en este país la integran otros institutos políticos, sin embargo, Acción Nacional es el único partido distinto al PRI que ha llegado a gobernar en la presidencia de la república.
El programa de referencia sufrió un cambio de nombre no de funciones durante el panato, pero con haber cambiado su denominación, no logro transformar ni un ápice de la historia de millones de familias que recibieron recursos de ese organismo asistencialista.
Un indicativo sustentado de que ese programa lejos de abatir la pobreza la incremento, pero además hizo vulnerables a los ciudadanos beneficiados, con los recursos que los gobiernos federales, han canalizado con ese fin desde 1997 en que fue creado. Señala que no hay indicios de que la pobreza disminuyo. Como tampoco disminuyo en los tiempos del priato
Sino todavía, más grave resulta, que a las familias beneficiadas las hizo más vulnerables a la pobreza en el país de las crisis. Donde desde hace más de 50 años el lenguaje de los gobiernos sean de cualquier denominación partidista, no cejan de hablar de crisis, devaluaciones sobre devaluaciones, y depreciaciones de la moneda.
Circunstancias económicas que ponen al limite a los ciudadanos mexicanos que menos tienen y que disponen de menos posibilidades de obtener los básicos para cubrir las necesidades elementales de la canasta alimenticia.
A pesar y no obstante que a la denominación del programa Prospera, que es sinónimo de prosperidad, es contradictorio, si tomamos como referencia el análisis de un organismo oficial como es la Auditoria Superior de la Federación, que establece en uno de sus últimos informes, derivado de la revisión de la cuenta pública de ese programa.
El cual tenía la finalidad de identificar los factores evolutivos de Prospera en los últimos veinte años y hacer las propias proyecciones para los años venideros. Pero lejos de justificar las acciones, el organismo detectó, que con los recursos ejercidos, además de resultar un paleativo, ha expuesto a los más necesitados a una pobreza no abatible ni siquiera manejable.
Durante décadas en este país predomino la premisa y de ella estuvieron convencidos los gobierno priístas, de que era relevante atender a los segmentos más pobres y de esa manera guardar un equilibrio y tener un control del fenómeno de la pobreza, que data desde antes de los tiempos de Jesucristo.
Pero que es el motivo y justificación de las políticas gubernamentales, pues sin pobreza no habrá una oferta política o demagoga de los gobiernos en turno y administraciones por venir.
De tal manera que la pobreza se ha convertido no solo en un instrumento de dominación de quienes tienen el poder y de quienes aspiran a el. Lo patético es que los programas diseñados por los gobiernos contemporáneos, no modificaron el estado de vida de ninguno de los individuos a los que han dirigido programas como Prospera, sinónimo de prosperidad, pero que a veinte años de su creación, hizo más dependientes a sus beneficiarios.
Por el origen del análisis, es decir se deriva de un trabajo de un organismo oficial, se antoja que así como el gobierno federal ha impulsado un nuevo modelo educativo antes de concluir su gestión, lo mismo podría estar sucediendo en la atención a la pobreza.
Sobre todo porque las personas inscritas en estos programas, han sido clientes del bipartidismo político, que se disputa desde hace más de 15 años, el poder en la presidencia de la república.

 

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