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PRD: ¿gerentes o dirigentes?

Por Jorge Fernández Menéndez.

Nunca había visto, no conozco casos similares, que un partido decidiera buscar fuera del mismo a su presidente y a su coordinador parlamentario. Se supone que un partido es una organización cuyos miembros están unidos por convicciones, ideología e intereses comunes y a partir de allí desarrollan una actividad política que tiene un objetivo claro: alcanzar los distintos espacios de poder en disputa. Cuando se recurre a externos para ocupar los principales cargos internos de ese partido de alguna forma se reconoce no sólo que las cosas no funcionaron (eso le ocurre a cualquiera) sino que lo que debe cambiar son también esas convicciones, ideología e intereses comunes.

Un sector muy importante del Partido de la Revolución Democrática ha apostado por Agustín Basave para que se convierta en presidente del partido, y Francisco Martínez Neri, un hombre de izquierda, pero que no militaba en el partido hasta hace poco, es el nuevo coordinador en la Cámara de Diputados de esa fuerza política. Ya hemos dicho aquí que Basave es un académico respetado y respetable, al que conocemos desde que Colosioestaba al frente del Partido Revolucionario Institucional, y que apenas el miércoles se afilió al PRD. Agustín estuvo en el PRI, fue presidente de la Fundación Colosio, simpatizó con Fox y fue embajador durante su gobierno y posteriormente se acercó al PRD.

Pero debemos insistir en que Agustín no es un hombre de partido, nunca lo fue, siempre le gustó (y no es un defecto, es una virtud) moverse con mucha independencia: lo hizo en el Partido Revolucionario Institucional y luego en sus sucesivos acercamientos con el foxismo o con el PRD. Ahora tendrá que enmarcarse en una disciplina y en un juego de tribus que puede ser durísimo para quienes no lo conocen y no participan en él. Decíamos, también, que, si llega, habrá que estar muy atento a quién será la mancuerna de Agustín en la Secretaría General porque de alguna forma desde ahí se controlará el partido. Pero Basave tendrá que competir con Armando Ríos Piter, que se ha mantenido en la carrera por la presidencia partidaria y puede conjuntar su experiencia, aquella decisión que no fue valorada en toda su dimensión de no participar por la gubernatura de Guerrero para no tener que relacionarse ni con Ángel Aguirre ni con su gente (si el PRD hubiera tomado la misma decisión la magnitud de su crisis sería hoy mucho menos) y su juventud. Ríos Piter puso el dedo en la llaga cuando convocó a Basave a un debate y se preguntó si su partido quería un dirigente o un gerente. No sé que harán los perredistas pero yo le daría la bienvenida como militante a Basave y, sin duda, votaría para presidente del partido por Ríos Piter.

Martínez Neri es un personaje peculiar. Exrector de la Universidad Benito Juárez de Oaxaca, llegó a esa posición enarbolando una bandera muy radical: su relación familiar con Felipe Martínez Soriano, otro exrector que en su momento fue señalado como uno de los jefes del PROCUP, la fuerza de la que poco después surgió el EPR. Cuando llegó a la rectoría de la UABJO, dejó esas banderas, pero logró un mecanismo de convivencia con la Sección 22 y otros grupos radicales, y terminó incorporándose al gabinete de Gabino Cué, donde, antes de ser candidato a diputado por un distrito de la ciudad de Oaxaca, fue secretario de cultura del gobierno del estado. Martínez Neri, que hace poco más de un mes se afilió al Partido de la Revolución Democrática, llega a la coordinación perredista en San Lázaro, por una extraña coalición detribus perredistas, donde el único denominador común es una alianza para impedir la llegada de Jesús Zambrano, pero más allá de eso impulsado por dos figuras claves para el futuro del perredismo: Gabino Cué (se publicó el miércoles pasado que Gabino se había opuesto terminantemente a su designación, cuando fue todo lo contrario: buena parte del impulso que tuvoMartínez Neri provino del gobernador oaxaqueño, cuyos bonos han subido mucho desde la intervención del Instituto de Educación Pública de Oaxaca) yMiguel Ángel Mancera,  jefe de Gobierno capitalino. La influencia del gobernador y del jefe de Gobierno, los dos tan externos al PRD comoMartínez Neri, fue decisiva en su caso y todo indica que puede serlo más en el futuro, en esta política de tanta lógica extrapartido.

Hay que reconocer que esa estrategia de refundar en los hechos el partido a través de la designación de externos en posiciones de dirección del mismo, puede ser interesante y crear expectativas (en la lógica del independentismo partidario tipo El Bronco), pero no sé si en todos los casos ella sea viable ni aconsejable: el Partido de la Revolución Democrática, como debe ser, se debe mover hacia la franja de centroizquierda, de una izquierda moderna que sirva, además, para diferenciarlo de Morena. Pero no puede perder tampoco identidad. La pregunta en todo caso es qué tanto tolerarán esa nueva realidad muchas de sus corrientes y dirigentes que, vía tribus, manejan franjas completas del perredismo, algunas muy alejadas política, ideológica y personalmente, de esa centroizquierda que se enarbola ahora como bandera.

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