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Aguafiestas  

Por Rogelio Rodríguez Mendoza.

El presidente de la República, Enrique Peña Nieto, nombró a Virgilio Andrade Martínez, como nuevo Secretario de la Función Pública, cuya tarea principal será la de prevenir conflictos de interés en el Gobierno federal.

A la vez, el mandatario anunció que a partir de mayo del presente año será obligación de los servidores públicos el presentar declaración sobre posibles conflictos de interés.

En otras palabras, Andrade Martínez será algo así como un “Zar Anticorrupción”.

No se trata de ser aguafiestas ni contagiarlo a usted de pesimismo, pero déjeme y le digo que no es la primera vez que una administración federal hace de la lucha contra la corrupción una de sus principales banderas. Cada nuevo Gobierno retoma esa batalla pero la realidad sigue siendo la misma o peor.

Es bueno, sí, que el Gobierno de Peña Nieta se declare en pie de guerra contra los deshonestos . Peor sería que se quedara de brazos cruzados frente a un problema que tanto daño nos hace como país, tanto en lo social como en lo económico.

Sin embargo, soy de los que piensan que frenar un problema que lleva décadas o siglos arraigado en nuestra sociedad requiere mucho más que la creación de una nueva instancia gubernamental o la designación de un responsable, por más fama de honesto y enérgico que tenga éste.

Y es que para nadie es desconocido que para que haya un corrupto se necesita un corruptor. Frente a ello, lo que se requiere es atacar y castigar a uno y otro bando.

Creo que ahí ha radicado el fracaso de la eterna lucha anticorrupción: que el Gobierno solo se ha dedicado a prevenirla o sancionarla entre los servidores públicos pero se ha olvidado de quienes, desde la sociedad misma, la promueven.

Pero más allá del castigo obligado para corruptor y corrompido, resulta evidente que atacar un problema tan arraigado culturalmente en nuestra sociedad, requiere más que sanciones. Soy de los convencidos de que, para atacar un “monstruo o víbora de mil cabezas”, ( parafraseando al exgobernador tamaulipeco, Manuel Cavazos Lerma), se debe apostar más por la educación.

Y es que el tema de la corrupción en México es un tema tan complejo como delicado. Es complejo por la cantidad de facetas o aspectos que presenta y es delicado porque la vida nacional se ha visto profundamente afectada por la omnipresencia y la omnipotencia de la corrupción.

Modalidades de corrupción son: el tráfico de influencias , el contrabando, el soborno, el peculado, el uso privado de bienes públicos, el castigo al inocente y el premio a quien no lo merece. Se trata de prácticas por todos conocidos,  de formas de conductas familiares, y en las que de uno u otro modo incurre la mayoría de la población.

Pero quiero insistir en que para  aspirar a resultados efectivos en esa lucha anticorrupción es necesario ir más al fondo del problema, moldeando la formación de las nuevas generaciones de mexicanos, inculcándoles desde los primeros años valores como el de la honestidad y el respeto por lo ajeno.

Si el Gobierno trabaja de esa forma con niños de Kinder y de primaria, en 10 ó 15 años comenzaremos a verle la cara a una nueva sociedad. Pero si  terquea en la misma estrategia de querer acabar con el problema a base de crear nuevas instancias de Gobierno o endureciendo castigos, el resultado seguirá siendo el mismo: de fracaso.

Le insisto: no se trata de parecer aguafiestas pero la historia nos dice que lo que Peña Nieto intentará es un camino ya recorrido, sin éxito, por muchos de quienes le antecedieron (¿Remember a Miguel de la Madrid Hurtado con aquello de la Renovación Moral?).

Ojalá y nos equivoquemos. Nada nos daría más gusto que decir, “tenía razón el Presidente”, pero el simple sentido común y la historia de esa lucha eterna por la deshonestidad, nos dice que  el Gobierno está recorriendo el mismo camino equivocado de sus antecesores.

ASI ANDAN LAS COSAS.

roger_rogelio@hotmail

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