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Terca “cancioncita”.

Por Rogelio Rodríguez Mendoza.

En la víspera de la definición de las candidaturas a las diputaciones federales que estarán en juego el próximo siete de junio, los representantes de los partidos políticos y de organismos empresariales como la Coparmex, además de otras voces, terquean con la “cancioncita” esa , que habla de la necesidad urgente de someter a una evaluación de control de confianza a todo aquel que aspire a ganarse una curul en la Cámara federal.

La tonadita en cuestión, también propone, entre otras cosas, exigirle a cada candidato una declaración patrimonial, y plantea como requisito ineludible obligarlos a someterse incluso a exámenes toxicológicos.

Todo ello, dicen, es necesario para garantizar que quienes nos representarán en la próxima legislatura no tienen tendencias a agenciarse el dinero ajeno, — en este caso el dinero público—, que no son propensos a implicarse en actividades delictivas, y que no tienen la debilidad de “empolvarse” la nariz o el cerebro, para contener el estrés que les generará el tener que levantar el dedo para aprobar o desaprobar las iniciativas que lleguen al Pleno.

Sucede, sin embargo, que los promotores de esa “cancioncita”, no han reparado o no han querido darse cuenta o entender, que el problema de corrupción o de transas en que se involucran muchos políticos, —no solo los diputados—, no ocurre cuando andan peleando por el cargo público o antes de ello.

No. La descomposición se da  cuando el diputado o el servidor público ya está en funciones. Podrá ser el personaje todo un dechado de virtudes y valores, pero el problema es que ya encumbrado en la función pública es cuando le llegan las tentaciones que muchos no resisten.

Es el mismo caso de muchos policías, que a pesar de haber sido certificados como aptos para formar parte de su corporación, terminan implicándose en la delincuencia.

Para comprobar esa tesis bastaría con analizar los casos de políticos a quienes se han descubierto historias tenebrosas de corrupción, y que han originado terribles escándalos en entidades como Guerrero, Michoacán, Coahuila y aquí mismo en Tamaulipas.

La gran mayoría de ellos, por no decir que todos, se corrompieron o descompusieron cuando llegaron al poder y tuvieron al alcance de sus manos, los multimillonarios presupuestos públicos, o contaron con las condiciones necesarias para hacer negocios al amparo de su cargo.

Por esa razón, soy de la idea de que aunque nunca sobrarán los exámenes de control de confianza, los antidoping y la exigencia de una declaración patrimonial a los candidatos, lo realmente importante es ponerles lupa una vez que lleguen al poder.

Pero sabe qué, esa lupa la debemos manejar nosotros, los ciudadanos, denunciando públicamente al diputado o al alcalde, o a cualquier otro servidor público, que a la vuelta de pocos meses o años, comience a evidenciar un enriquecimiento incongruente con sus ingresos.

Ya debemos dejar atrás esa añeja costumbre, bastante arraigada en nuestra sociedad, de fingirnos sordomudos cuando vemos las riquezas que acumulan con rapidez nuestros representantes populares o gobernantes.

Si seguimos en esa práctica de callarnos para no meternos en problemas, jamás podremos sacar a este país de ese pantano de corrupción en que nos tiene sumido un puñado de políticos, que llegaron al poder movidos por su ambición y no porque realmente tengan una vocación de servirnos a usted y a mí que conformamos la sociedad.

¿Estamos de acuerdo?.

ASI ANDAN LAS COSAS.

roger_rogelio@hotmail.com

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