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Por aquí y por allá.  

Por Yuriria Sierra.

Se cumple una semana del atentado Charlie Hebdo. Durante estos días se ha dicho y escrito mucho al respecto. Los hechos de hace siete días abrieron un debate que no ha terminado ni siquiera de tomar forma. Hay quienes han hecho una comparación que, si bien podría ser válida, de inmediato pierde nivel. Perdón, no concibo un comparativo entre la cultura occidental y la de Oriente medio. O al menos, no desde el punto de vista que algunos han expresado. Y es que han lanzado una pregunta cuya respuesta es sumamente tramposa: ¿qué harían los católicos si, digamos en México, alguien se burla —como lo hace el semanario francés— de la Virgen de Guadalupe? ¡Uy!, tal vez por instinto alguien diría que, en efecto, no sería justo que nadie se burlara de una figura tan representativa de la fe de una gran parte de los mexicanos. Pero lo cierto es que no hay elementos de comparación entre allá y acá. Me explico.

Más allá de las enormísimas conquistas que representan el Estado laico y la democracia liberal, si (indeseablemente) nos quedáramos sólo con el “canon religioso”, aun así podríamos decir que Occidente lleva centurias de ventaja en su camino hacia aquello que las religiones siempre dicen defender: el amor, el respeto, la paz. El catolicismo es una fe que, mal que bien y a regañadientes, ha ido evolucionando, no a la velocidad que quisiéramos, pero lo ha hecho (hoy más que nunca, con el papa Francisco, su líder más liberal que le hayamos visto). Retomo el ejemplo que escribí hace unos días: los católicos ya no lapidan mujeres ni hacen ablaciones a sus clítoris, no envían a niños cargando explosivos, no hacen atentados suicidas, y ya no matan homosexuales. La cultura musulmana (independientemente de su grado de “radicalismo”) todavía vive en su propio “Medievo”. No por nada, una niña que defiende “el elemental derecho de las niñas a estudiar” acaba de ganar el PREMIO Nobel: porque aún están en esos primeros pasos hacia la construcción de un acuerdo social fundamentado en los más básicos derechos humanos. Para ellos, lo que su Dios estaría esperando de quienes creen en él, se parece mucho al oscurantísimo estatuto moral (con sus “usos y costumbres”) de la mal llamada Santa Inquisición.

Así pues, encuentro brillante, por decir lo menos, la respuesta que dio, justamente, Charlie Hebdo con el número que hoy salió a circulación; edición que seguramente será la más vendida de su historia —se anunció un tiraje de tres millones de ejemplares— y donde se observa en la portada la imagen de Mahoma, con una lágrima en el ojo y un cartel en sus manos que invoca el hashtag mundial de apoyo y condena al terrorismo Je suis Charlie y con la leyenda “Todo está perdonado”. La interpretación es obvia. Maravillosamente obvia.

“Borran” a las presidentas. El fundamentalismo religioso se viste de las más torpes, absurdas y francamente estúpidas ideas, mismas que parecieran sacadas del pensamiento previo al descubrimiento del fuego. Y no sólo viene de los musulmanes. Cuando el domingo se realizó en las calles de París la histórica manifestación contra el terrorismo en la que estuvieron presentes importantes personajes políticos, los medios de comunicación en el mundo dieron cuenta de ello. Sin embargo, en Israel, Hamodia, uno de los diarios de mayor circulación entre los judíos más ortodoxos y conservadores, manipuló (a la más stalinista manera) su imagen de portada. A diferencia del resto de los diarios del mundo, en la fotografía que ilustró el reporte no se observan figuras como la canciller alemana Angela Merkel o Federica Mogherini, jefa de la diplomacia de la Unión Europea. Fueron sustituidas digitalmente por otros presentes a la marcha. Sí, ¡conphotoshop! ¿La razón? Para los judíos ortodoxos, una mujer no debe ser expuesta en fotografías. ¿Le parece a usted algo sensato, algo de este siglo en el que las mujeres ya son hasta presidentas de naciones?

Y acá, dos gays no pueden casarse. Y mientras esas barbaridades ocurren en el mundo, aquí en México también se cuecen habas. En los últimos días, el caso de Víctor y Fernando, en Mexicali, ha provocado también movilizaciones. Claro está, de un lado aquellos que apoyan la boda de la pareja —que cuenta con un amparo de la SCJN—, y de los que apoyan a “la autoridad”, misma a la que le ha valido sombrilla lo resuelto por la Corte. No hay fundamento legal para impedir la boda, sólo las “ideas” de los funcionarios, empezando por el alcalde. Que no: “Que están locos” (eufemismo que emplearon para no decir una estupidez como “enfermos”). Y sí, eso también es fundamentalismo, porque no han podido argumentar con elementos legales el por qué no dejan realizar un matrimonio que en México es legalmente posible. Ése tendría que ser su único criterio como jueces y como gobernantes. Punto. Las creencias, todas, que se queden en sus casas. Y sólo ahí.

Addendum 1. Ya casi es el cumpleaños 70 de Maquiaelba. Y tal y como lo adelantamos desde su detención, esto podría significar que, como se estipula en varios tratados internacionales, busque solicitar cumplir su condena bajo la figura de “arresto domiciliario” (gracias a la cual personajes como Luis Echeverría cumple su condena en su “casita” en San Jerónimo). Y Elba Esther Gordillo, de proceder, lo haría desde la comodidad de su penthouse. Y aunque eso todavía no está definido, lo que sí le garantizaron es que no tendrá que acudir personalmente a las audiencias, las presenciará vía video-conferencia… Veremos qué pasa, pues, el próximo 5 de febrero, día en que le cantarán las mañanitas.

Addendum 2. Y hablando de radicalismos, están los otros, los políticos. Y fue por ellos que un activo político tan importante para el PAN como lo es Margarita Zavala no pudo lograr una candidatura plurinominal para San Lázaro. El CEN panista le dijo que no, pero sí apapachó a todos los candidatos de Gustavo MaderoMargarita Zavala anunció que, entonces, para el segundo semestre del año empezará su campaña para buscar la dirigencia nacional. Primera llamada de la guerra que se avecina en el blanquiazul. Como en su momento las vimos, tantas, en el PRD… ¡Ah, que a nadie le gusta de experimentar en cabeza ajena!

 

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